miércoles, 3 de agosto de 2016

La isla en el cuerpo



 
La Isla del Fuego es un curioso escenario en las aguas de Great South Bay, donde cada año sucede uno de los festivales de danza más importantes de Estados Unidos, dedicado a la recaudación de fondos para la lucha contra el sida. Nunca había bailado un cubano, hasta hace unos días cuando Jesús Arias Pagés y Armando Gómez Brydson, del Ballet Contemporáneo Endedans, abrigaron en sus pasos la metáfora de la nación.

“Como un grano de arena dentro de un plato, una cosa mínima pero reconfortante” califica Jesús la sensación de saberse la mayor Isla antillana, de trasmitir la mejor de las energías desde el título a lo profundo de la obra Abrazo perdurable (Lasting embrace), de Pedro Ruiz, coreógrafo cubano-estadounidense que colabora con la compañía desde el 2014.

La isla en el cuerpo



 
La Isla del Fuego es un curioso escenario en las aguas de Great South Bay, donde cada año sucede uno de los festivales de danza más importantes de Estados Unidos, dedicado a la recaudación de fondos para la lucha contra el sida. Nunca había bailado un cubano, hasta hace unos días cuando Jesús Arias Pagés y Armando Gómez Briydson, del Ballet Contemporáneo Endedans, abrigaron en sus pasos la metáfora de la nación.

“Como un grano de arena dentro de un plato, una cosa mínima pero reconfortante” califica Jesús la sensación de saberse la mayor Isla antillana, de trasmitir la mejor de las energías desde el título a lo profundo de la obra Abrazo perdurable (Lasting embrace), de Pedro Ruiz, coreógrafo cubano-estadounidense que colabora con la compañía desde el 2014.

jueves, 9 de junio de 2016

Réplica de lectores


Sé de quienes me leen con saña. Me han contado de cartas a la dirección, de comentarios de pasillo y hasta de reuniones con cuadros de alto rango en las que en vez de ponerse de acuerdo para solucionar el problema, el orden del día ha sido un punto: descuartizar a la periodista. Pero lo de esta semana echa por tierra mi floreciente carrera de “villana”.
En casi nueve años de ejercicio no había recibido una lectura que desencadenara en un desacuerdo colectivo en público. Por lo general llega el “me gustó” del beneficiario, un agradecimiento telefónico o a nivel de acera, sin argumentos en cuanto al texto en sí mismo, a lo que omitió o mal refirió. A pesar del lastre imperdonable de aún carecer de estudios de recepción, sin que al menos termine de tabularse la encuesta circulada en el semanario meses atrás, casi hasta nos hemos convencido en catarsis de aniversario, de que escribimos para los jefes y solo existimos para un público envejecido.

jueves, 2 de junio de 2016

El Embajador del Son

Cuando el pueblo en que se ha nacido no está al nivel de la época en que vive, es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo (José Martí)
 
Nené Álvarez quiere cumplir los 100. Ese deseo que da por sentado y el elogio a la sonoridad de su conjunto resultan de los estribillos mejor vividos por él; que tuvo a bien interpretar especialmente este primero de junio, cuando se hizo nonagenario.
 
Aunque no estaba en sus planes, debió celebrarse por todo lo alto, rectifico, en la segunda planta del Multicine Casablanca, porque un aguacero intempestivo “inundó” la primera. Otra vez a prueba de las inclemencias del tiempo: cada escalón marcó cada hoja de su calendario. Grandioso, Nené.

viernes, 8 de abril de 2016

Obdulio Fenelo, escritor y librero


El testarudo escritor Obdulio Fenelo quiere vivir del libro. No lo consiguió escribiendo ni con relatos para Quemar las naves ni con los de Un día después de la tristeza. Porque eso de los premios y los derechos de autor tienen más de simbólico que de metálico. Pero desde hace dos años parece encontrar la vía. Sacó patente, abrió una librería y, sin desterrar el oficio de sus cuartillas, se dedica casi por entero a las páginas de otros, porque ahora Obdulio Fenelo también es un vendedor.

lunes, 4 de abril de 2016

Candita


Candita Batista estaba como dormida. Tenía el gesto de sueño profundo después de la más agotadora actuación, como si el cansancio no le hubiera dado tiempo a lavar el rostro con agua fresca, aunque lucía rozagante su piel negrísima. Ya cumplidos los 99 le empezaban a asomar arrugas. Los labios, rojos, intensos. Su típico moño grande arriba con turbante, en esta ocasión chantú cristal, por el vestido azul pastel. Azul, le fascinaba ese color, igual que el amarillo, por la Virgen.

Con Angelitos negros abrió en 1983 su peña en aquel célebre rincón, a un costado de la puerta de su casa en la calle Cristo número dos. Ella y Filo Torres hicieron de esa cochera un santuario de la música popular cubana. Estuvo cerrado desde antes de la muerte del viejo trovador. Mas, ironías de la vida en razones de familia: hace unos meses el espacio sublime del Rincón de Candita es renta de una paladar.

A sus pies, el Título de Hija Ilustre de la provincia, uno de los múltiples diplomas con que prefería decorar su modestísimo hogar. Al lado del reconocimiento, 15 medallas de consagración a la cultura nacional. En derredor, muchas flores; sin embargo, era imperceptible el aroma, ni siquiera el olor de la concurrencia.

Un señor de camisa lánguida entró de súbito y en seguida se acercaron los presentes. Era el Padre Paquito, que ese sábado le había dedicado la misa. Llegó hasta allí por el lazo del bautismo, por cristiana en sus raíces y creyente en su fe. Al invitar a las plegarias dijo: “Candita morirá cuando nosotros la olvidemos”. Nunca, entonces.

viernes, 1 de abril de 2016

Ser de azul


Priss es madre y se sentía sola, desamparada, culpable. Todos, empezando por el esposo, le achacaron el problema del niño. Descontrolada, le pegó al crío aun sabiendo que algo pasaba, y hasta lo odió por saberse rechazada. Muchos le indicaron encerrarlo a oscuras y darle duchas frías en pleno invierno, por las malacrianzas de su hijo. Y lo hizo. Pero después se maldijo, y maldijo a la gente de macabros consejos. Por eso cada día le repite que lo ama. Desde el diagnóstico de autismo moderado ha cambiado la vida de los dos. Hugo cumplió siete años y ahora en él hay más progresos, en vez de retrocesos.
 
Hoy por la mañana, mientras Priss hacía recalar su historia en Internet, una caravana multicolor en los Bicitaxis Andariego, salía de la nueva escuela abierta en la Calle Martí Nro 55. Se llama Héroes del Moncada y es de las pocas del país dedicadas por entero al autismo, de ahí que en la matrícula de 21 alumnos, de tres a nueve años de edad, haya niños de Ciego de Ávila y Morón. 

En la provincia de Camagüey se atienden cerca de 30, sumando los insertados en el sistema de enseñanza especial y la regular porque dos aprenden en primarias convencionales. La cifra pudiera aumentar de superarse el estigma.
 
Padres, maestros y especialistas iban completos o con algo de azul, unos con viseras o también con vistosos sombreros de cartón, con la pieza de un rompecabezas, el símbolo del trastorno del espectro autista, un trastorno de introspección que lleva a la pérdida de contacto con la realidad exterior, si no se atiende a tiempo. Los niños iban de disfraz.
 
En la Plaza de los Trabajadores esperaban esculturas vivientes y zanqueros del grupo Teatro D'Luz. Unos se notaron medio incómodos, pero la mayoría parecía a gusto haciendo la ronda, bailando el vals, cantando y jugando, simulando un trencito propuesto por los payasos Florecita y Cebollita y atentos a las notas que Frank Luis tocó en violín.
 
Y mientras Priss escribía de su angustia, los rostros de las madres de nuestra Plaza tenían los tonos de la compañía, del abrigo, de la compresión porque sus niños tienen avances de conocimiento, van modificando el lenguaje y la conducta. La escuela trabaja para que se sientan bien en eventos sociales y porque pueden aprender un oficio.
 
Mañana es el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo. De nada vale que te vistas de azul, si no arropas con ese color tus prácticas cotidianas. No sientas lástima porque son personas normales. “Tú eres la pieza que falta”, dice una de las frases de visera. ¿Acaso no será al revés?