miércoles, 7 de marzo de 2018

Periodismo en cartas de viaje de Aurelia Castillo


En el mundo ya solo vale la información que se transmite con instantaneidad. Entonces, ¿por qué debería importar un libro como Cartas de viaje si, a los efectos de esa rapidez, los textos de Aurelia Castillo de González nos llegan con unos 130 años de retraso?

Sin embargo, como no hace mucho advirtió el investigador Eduardo Torres Cuevas, vivimos el momento más complejo y trascendental de nuestra historia, porque “se está jugando con la no memoria de una generación”.

Y Aurelia Castillo sigue siendo una auténtica desconocida, aunque se reconoció a sí misma sin ambages. “Soy de La Habana y suelo enviar a un periódico noticias de lo que veo”, 1 le dijo al químico y microbiólogo francés Louis Pasteur.

Para muchos resultará inaudito que una mujer fuera corresponsal en el siglo XIX, y aún más por lo que comprendió y expresó en el diario El País, desde septiembre de 1889 hasta mayo de 1890. Su hondura no encajó en el canon de su tiempo: “Salgamos de lo estético y vengamos a lo útil, a lo práctico, a lo indispensable ya para la vida”.2

martes, 20 de febrero de 2018

Cuando Carlos Acosta nos dio su corazón


Hace siete años que este célebre bailarín cumplió su sueño de bailar para los cubanos de tierra adentro. Como regresa a Camagüey ya con una compañía, la Acosta Danza, rescato lo que publiqué en el semanario Adelante, el 27 de noviembre del 2010, como un ejercicio de entrevista a partir de los únicos cinco minutos que dieron a colegas de la prensa para intercambiar con él. Espero que la disfruten y no dejen de verlo mañana en el Teatro Principal, donde Carlos Acosta volverá a bailar.

Mi corazón entero para todos ustedes”

Caballero, me van a matar del corazón”, así empezó a despedirse Carlos Acosta del “Principal”. Le habían entregado las distinciones y quiso reponer con las palabras aquella suite muy suya de amistad, amor, de cubanía, para el pueblo camagüeyano: “Mi corazón entero para todos ustedes”. Después cerraron el telón, pero nosotros, los intrusos, lo buscamos para que contara más de este teatro y él, de la gira y su danza para Cuba.

viernes, 16 de febrero de 2018

La hoja de la caleta (II)


Dos viernes atrás dirigimos nuestra mirada a La hoja de la caleta, desde la visión de habitantes de Santa Cruz del Sur, por la pervivencia en ellos de la experiencia del rodaje, y porque sus protagonismos visibles o anónimos fueron vitales para la concreción de esta película. Hoy enfocaremos el otro equipo de realización, para calibrar lo que no se ve en la pantalla.

La primera exhibición en la ciudad de Camagüey de ese filme cubano dirigido por Mirta González y Jorge Campanería ocurrió el 27 de enero en El Circuito, donde antes funcionó el cine Encanto. Justo allí afloró lo insospechado.

viernes, 2 de febrero de 2018

La hoja de la caleta (I)


El que piense que La hoja de la caleta es solo un filme, se equivoca. Como largometraje de 70 minutos es lo más evidente de un proyecto sociocultural fortuito en Santa Cruz del Sur. Si el rodaje duró 21 días y ocurrió hace cuatro años, ¿por qué los pobladores lo tratan como un hecho reciente?

La idea ingenua de la premier me llevó hasta allá. Poco antes había llovido, pero aquella noche era especial. La imagen lució estupenda en la pantalla. La obra se vio casi como en el habanero cine Chaplin, y me permito la comparación por los riesgos de las proyecciones en espacios a cielo abierto.

Sin embargo, el estreno no significó el encantamiento de la primera vez, porque los santacruceños meses atrás habían visto algo, una copia de trabajo que no era la definitiva, debido a ese contrabando nacional del “Paquete”. ¿Entonces por qué fueron al parque? Alguien lo atribuyó a que “en estos pueblos no pasa nada”. Su razón no me convenció, porque ni siquiera el equipo de realización ─de La Habana y de la ciudad de Camagüey─ está plenamente consciente del impacto real de “La caleta”, como el mismo pueblo llama la película.

lunes, 22 de enero de 2018

Lección de vuelo


Foto: Orlando Durán Hernández
 Entrevista publicada en Juventud Rebelde.

Quien lo conoce sabe que a Luis Álvarez Álvarez se le admira y se le teme. Son dos emociones difíciles de desligar. Entrevistarlo entraña siempre desafíos para mí, porque he sido su alumna y, en especial, porque se me ha declarado entre mis lectores agudos.

Este Luis, dos veces Álvarez, dos veces Doctor, ha manifestado en carne propia la verdad de que es posible desde la ciudad de Camagüey tocar el horizonte y trascender los límites de la Isla. Su ejecutoria investigativa y pedagógica resulta vital en el contexto latinoamericano y caribeño. Esa obra se ha gestado desde el hogar, un remanso de paz alumbrado de libros, ideas y proyectos donde todos, universitarios o no, tenemos espacio y recibimos su atención.

En esta 27ma. Feria Internacional del Libro Cuba 2018 debía recibir de manera oficial el Premio Nacional de Literatura 2017, pero por su estado de salud lo hará en Camagüey, primera excepción en la historia de esa entrega. A propóstio de que el también Premio Nacional de Investigaciones Culturales 2008 se encuentra entre los autores con novedades publicadas por la Editorial Ácana para esta gran fiesta de la literatura, aprovecho para conocer «secretos» de su vida y de su obra.

viernes, 5 de enero de 2018

A los 80 también se cumplen los sueños


Cake, piñata, narración oral, música y afectos no faltaron en lo que fue su patio de los pavos reales. Además, en la Quinta quedó abierta una exposición permanente con objetos donados por la familia de Alma Flor, la cual será desmontada el 24 de enero, mientras dure la filmación allí de la película dedicada a Ignacio Agramonte.

Cake, piñata, narración oral, música y afectos no faltaron en lo que fue su patio de los pavos reales. Además, en la Quinta quedó abierta una exposición permanente con objetos donados por la familia de Alma Flor, la cual será desmontada el 24 de enero, mientras dure la filmación allí de la película dedicada a Ignacio Agramonte.

Nació en Camagüey el 3 de enero de 1938. Aunque ha vivido la mayor parte de su tiempo en los Estados Unidos, su obra literaria y pedagógica es prueba fehaciente del arraigo. Comparto fragmentos de un diálogo inédito con esta camagüeyana que recientemente fue agasajada en el Museo Quinta Simoni. Allí se conoció que este año la Editorial Ácana le publicará la novela A pesar del amor
 
Ella es una de las niñas que nació y se crió en la Quinta Simoni. En contra de su voluntad debió emprender un viaje de desgarramientos; sin embargo, Alma Flor Ada Lafuente se resistió a alejarse para siempre de ese remanso. Cuando la conocí me confió que tenía un deseo: celebrar sus 80 en el entrañable Camagüey, y este miércoles lo ha cumplido.

En febrero del 2017, un amigo común nos hizo coincidir. También me acompañaba el colega Eduardo Labrada, quien esa tarde de remembranzas descubrió el lazo filial que los une. Tampoco imaginábamos la grandeza de esta mujer, Profesora Emérita de la Universidad de San Francisco. La Asociación de Educadores Bilingües de California estableció el premio anual Alma Flor Ada Teachership Award, desde el 2008. El Gobierno de México le reconoció con el prestigioso lauro OHTLI su labor en favor de la comunidad mexicana en el exterior. Es, además, miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Su obra literaria abarca poesía, cuento, teatro, memoria, no-ficción, así como textos educativos y libros pedagógicos universitarios, pero ella se ha cultivado para proteger el legado cultural de la familia. Ha publicado más de 200 títulos, pero de todos, los más recurrentes son dos: Tesoros de mi isla y Vivir en dos idiomas, porque contienen recuerdos de su infancia y gran parte de sus memorias.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Una alegría, un dolor


Esta foto de hace un año dejó de ser el registro de un elogio público, para convertirse en la prueba de un suceso irrepetible: la existencia de dos camagüeyanos que no alumbrará el mundo de la cibercultura.
Luis Álvarez, el de las gafas, no podrá celebrar como en la foto, el único premio que le faltaba, el Nacional de Literatura 2017, anunciado hace dos días. No podrá, porque ha muerto ese compañero de la difícil batalla por legitimar el conocimiento, del estudio y el magisterio para el ejercicio de pensar en las claves de la cultura.
Desiderio Navarro tenía 69 años. Un cáncer nos privó ayer de su torrente de criterios, y deja la sensación de orfandad en los cubanos que tenían en él la única puerta a textos científicos de 20 idiomas.

Su coterráneo Luis, dos veces Álvarez, dos veces Doctor, aquella tarde en la Sala Nuevo Mundo calificó a Desiderio de pionero en Cuba en la ensayística desarrollada desde la semiótica, y ponderó su labor de investigador y crítico de literatura y artes plásticas, y de defensor de la crítica como cuestión moral. 
 
Esta foto ahora contiene una memoria con dolor, entraña el reto de que la pérdida solo lo sea del cuerpo, no del olvido. Insta a aprovechar en vida a Luis Álvarez, el segundo camagüeyano al que se le otorga el Premio Nacional Literatura. Nicolás Guillén lo estrenó en 1983.