Casi nos dio un patatún. La operación debía durar prácticamente nada. Más nos demoraría el trayecto que, por cierto, de la casa hasta allí anduvimos menos de diez minutos, pero habíamos salido con el pie izquierdo porque aquella mañana nos tocó la mala.
Frescas como una lechuga llegamos a la ventanilla de información de la clínica estomatológica Centro, por el papelito para urgencias, como el doctor indicó la semana anterior.
--No hay agua. No estamos prestando servicios. Vaya a Pino Tres a ver…
Aquello nos cayó como una bala. Figúrese, no estábamos por un antojo. Mami tenía dos puntos por retirar de la encía.
Para la “sequía” afirmada, el salón de espera no lucía desierto, y personal de la clínica andaba casi como un día normal. Sin embargo, las dos mujeres siguieron rotundas, con cara de que lo nuestro no era su maletín.
lunes, 30 de enero de 2017
martes, 20 de diciembre de 2016
Gracias a la rumba
Publicado en Asociación Hermanos Saíz
Si lo dice Rumbatá, lo creo, porque expone lo que siente, y
canta lo que piensa: “Gracias a la rumba”. Así de sencillo ha titulado
el tercer disco, así de profundo ha de estar con los escarmientos de
veinte años.
Musicólogos y cubanos universales han elogiado la
resonancia del grupo de Wilmer Ferrán Jiménez, al punto de situarlo
entre los cuatro grandes de la rumba cubana junto a Los Muñequitos de
Matanzas, Clave y guaguancó y Yoruba andabo.
Esta agrupación le debe todo a ese complejo genérico al
cual la UNESCO acaba de declarar Patrimonio Cultural Inmaterial de la
Humanidad, piropo generador de una ola súbita de “fans”, que por adeptos
de ocasión se desmenuzan en la orilla. «Es triste que en Camagüey no
hayan pensado en ir, no a Rumbatá, sino a los cultivadores, a la gente
que lleva tiempo defendiéndola», lamenta Wilmer Ferrán.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Magnetismo
Entramos a Santiago de
Cuba poco después de Fidel. Las guaguas solo podían llegar hasta el
parqueo de Tropicana. A una hora de haber pasado el cortejo fúnebre
por ahí, las ondas del lugar conservaban tal magnetismo que era como
tocar al Comandante en Jefe. Un creyente en los espíritus tenía
erizada la piel. Éramos 102 con la provincia en peso, y en todos, le
aseguro, estaba completo El Camagüey.
A las tres de la tarde
iniciamos la caminata a la Plaza de la Revolución Antonio Maceo.
Dijeron que andaríamos más de un kilómetro a pie. No impactaba un
sol ardiente, pero el calor entre ascensos y descensos nos hacía
extrañar mucho las llanuras. Cuando parecía terminar la ruta,
debimos seguir de largo por un borde, rumbo a la entrada del estadio
Guillermón, entonces alguien en broma sugiere que para completar la
hazaña estábamos a un paso de “asaltar el Moncada”.
miércoles, 26 de octubre de 2016
La luz tropical del Sí
En la arena de la diplomacia, la vida parece resumirse a blanco, negro y gris. Por eso cada votación en la Organización de Naciones Unidas (ONU) resulta
un cuadro de tres tonos, para aquel que mire con frialdad los
monosílabos y descarte el alma de las cifras, que es descartar los
colores de un mundo diverso.
El año pasado, un representante de Estados Unidos se quejaba de que Cuba presentara en la Asamblea General del mayor espacio aglutinante de países, el “mismo informe” titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” , con el que se insiste desde 1992.
Aquella observación intentaba ridiculizar el texto vivo de la mayor de las Antillas, por las necedades del imperio anglosajón ofuscado en ver nada más el papel y nunca la carne y la piel de los ciudadanos a los que limita por prepotencia.
Hubo distracción mediática, en los intentos de hacer prevalecer el NO de dos, los únicos inflexibles que hace 25 años persisten en cerrar puertas, por encima del SÍ de 191 que apoyan porque saben la validez de tender puentes.
A la altura del 2016, el perjuicio a la nación caribeña de las rebeldías sobrepasa los 125 mil 873 millones de dólares, debido a un daño económico al pueblo cubano que asciende a 753 mil 688 millones de dólares.
Caer en las trampas del monosílabo es fácil, y eso entraña el desafío de desentrañar el significado de la cifras. Dentro de unas horas Cuba presentará eso “mismo” que cada año resulta diferente, porque cada año aumentan las dificultades, los sueños truncados a medio camino aunque las malas energías, a pesar de todo, no han confiscado nuestras utopías ni han desinflado nuestras esperanzas.
Al principio de las votaciones, eran numerosas las abstenciones y las ausencias, y poco más de la tercera parte estaba de acuerdo con nosotros, aunque los en contra nunca pasaron de cuatro. Del 2006 en lo adelante, nadie falta, y eso nos dice de la voluntad de tomar parte en un ejercicio de reconocimiento internacional.
Cuba tiene la vocación de la resistencia, una cualidad admirada por casi todo el mundo. ¿Cuánto vale y cuánto cuesta ser paradigma en el mundo actual? Conlleva la práctica cotidiana de no claudicar, de la preservación de los principios innegociables, el tomar aliento de esa energía renovable de la revolución de la constancia.
En la arena de la diplomacia, Cuba anda con el traje natural de la inteligencia, e inteligencia no es otra cosa que la capacidad de elegir, y en la ONU hemos elegido estar para compartir, para convencer, para sumar a pintar con todos los colores las opacidades y los sinsentidos que no tienen el beneficio de la luz del trópico.
El año pasado, un representante de Estados Unidos se quejaba de que Cuba presentara en la Asamblea General del mayor espacio aglutinante de países, el “mismo informe” titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” , con el que se insiste desde 1992.
Aquella observación intentaba ridiculizar el texto vivo de la mayor de las Antillas, por las necedades del imperio anglosajón ofuscado en ver nada más el papel y nunca la carne y la piel de los ciudadanos a los que limita por prepotencia.
Hubo distracción mediática, en los intentos de hacer prevalecer el NO de dos, los únicos inflexibles que hace 25 años persisten en cerrar puertas, por encima del SÍ de 191 que apoyan porque saben la validez de tender puentes.
A la altura del 2016, el perjuicio a la nación caribeña de las rebeldías sobrepasa los 125 mil 873 millones de dólares, debido a un daño económico al pueblo cubano que asciende a 753 mil 688 millones de dólares.
Caer en las trampas del monosílabo es fácil, y eso entraña el desafío de desentrañar el significado de la cifras. Dentro de unas horas Cuba presentará eso “mismo” que cada año resulta diferente, porque cada año aumentan las dificultades, los sueños truncados a medio camino aunque las malas energías, a pesar de todo, no han confiscado nuestras utopías ni han desinflado nuestras esperanzas.
Al principio de las votaciones, eran numerosas las abstenciones y las ausencias, y poco más de la tercera parte estaba de acuerdo con nosotros, aunque los en contra nunca pasaron de cuatro. Del 2006 en lo adelante, nadie falta, y eso nos dice de la voluntad de tomar parte en un ejercicio de reconocimiento internacional.
Cuba tiene la vocación de la resistencia, una cualidad admirada por casi todo el mundo. ¿Cuánto vale y cuánto cuesta ser paradigma en el mundo actual? Conlleva la práctica cotidiana de no claudicar, de la preservación de los principios innegociables, el tomar aliento de esa energía renovable de la revolución de la constancia.
En la arena de la diplomacia, Cuba anda con el traje natural de la inteligencia, e inteligencia no es otra cosa que la capacidad de elegir, y en la ONU hemos elegido estar para compartir, para convencer, para sumar a pintar con todos los colores las opacidades y los sinsentidos que no tienen el beneficio de la luz del trópico.
lunes, 8 de agosto de 2016
Mipa
Cuando
tuve conciencia de mi abuelo Mipa, ya pasaba el día en la casa de
tablas y pencas de palma, en un pueblito en las afueras de la ciudad
de Camagüey. La caminata de la parada del hospital psiquiátrico al
confín de Las Cruces nos parecía interminable a mi hermano y a mí,
hasta que nos volvía la curiosidad con el asomo de las primeras casitas, después de un kilómetro yermo
a ambos lados del terraplén.
La
mayoría de las veces estaba como esperándonos, sentado en el
taburete que recostaba en el portal. De mañana podíamos encontrarlo
buscando la leche o desyerbando el platanal de machos, a un costado
de la entrada. Por economía del espacio enredaba las matas de frijol
en la cerca divisoria con la propiedad de los Ochoa, y había fiesta
si descubría un ñame, su cosecha de la paciencia.
Mi
abuelo Mipa era un hombre de silencio, el complemento perfecto para
mi abuela Mima, la mujer más habladora que he conocido. Él reía o
callaba mientras ella recordaba las peripecias de su vida, desde
jovencita como empleada de servicio en haciendas de ricachones, hasta
las casi interminables mudanzas en el reacomodo del hogar cuando ya
sumaban once hijos.
De
Mipa sé muy poco. Fue camionero en un contingente de la construcción
y no estoy segura si ejerció de carpintero, aunque conocía los
secretos del oficio, porque todos los muebles de entonces salieron de
sus manos. Por exceso de modestia, tal vez pensó que no tenía nada
interesante que contar, o prefirió enmudecer los desgarramientos de
la existencia.
Su
silencio escandaloso le llevó a ocultar tantos dolores del cuerpo,
que cuando habló ya era demasiado tarde. Hoy hace diez años que
Mipa se nos murió, ya en otra casa, sin matas de plátanos, sin
ñame, y donde la sombra nacía de una salvadera. Seguía con el
azadón, pero desyerbando el jardincito.
Mima
hace el mayor de los esfuerzos, contra lo humano posible, para que no
se note su ausencia. Sigue contando historias por los dos, igual que
por los dos me ha leído en el periódico y me ha visto por la
televisión, lo que tanto anhelaba Mipa para cuando me hiciera
periodista. Por las vueltas de la vida, soy yo quien lo mira y lo
encuentra cada día en los ojos de mi hija.
miércoles, 3 de agosto de 2016
La isla en el cuerpo
La
Isla del Fuego es un curioso escenario en las aguas de Great South
Bay, donde cada año sucede uno de los festivales de danza más
importantes de Estados Unidos, dedicado a la recaudación de fondos
para la lucha contra el sida. Nunca había bailado un cubano, hasta
hace unos días cuando Jesús Arias Pagés y Armando Gómez Brydson,
del Ballet Contemporáneo Endedans, abrigaron en sus pasos la
metáfora de la nación.
“Como un grano de arena dentro de un plato, una cosa mínima pero reconfortante” califica Jesús la sensación de saberse la mayor Isla antillana, de trasmitir la mejor de las energías desde el título a lo profundo de la obra Abrazo perdurable (Lasting embrace), de Pedro Ruiz, coreógrafo cubano-estadounidense que colabora con la compañía desde el 2014.
La isla en el cuerpo
La
Isla del Fuego es un curioso escenario en las aguas de Great South
Bay, donde cada año sucede uno de los festivales de danza más
importantes de Estados Unidos, dedicado a la recaudación de fondos
para la lucha contra el sida. Nunca había bailado un cubano, hasta
hace unos días cuando Jesús Arias Pagés y Armando Gómez Briydson,
del Ballet Contemporáneo Endedans, abrigaron en sus pasos la
metáfora de la nación.
“Como un grano de arena dentro de un plato, una cosa mínima pero reconfortante” califica Jesús la sensación de saberse la mayor Isla antillana, de trasmitir la mejor de las energías desde el título a lo profundo de la obra Abrazo perdurable (Lasting embrace), de Pedro Ruiz, coreógrafo cubano-estadounidense que colabora con la compañía desde el 2014.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





