miércoles, 25 de octubre de 2017

Escandalosa necesidad


Pudiera escribir desde las etiquetas del “ser nacional” y de la representación iconográfica de la cultura, que tanto afloran en la Jornada de la cubanidad, siempre del 10 al 20 de octubre. Pero me niego a repetir el eslogan, caldo de cultivo para los forcejeos por despojarnos definitivamente del corazón latiente de la nación.

El camagüeyano Luis Álvarez sustenta que “(…) el factor de la cultura como importante catalizador de la concreción nacional insular ha sido en lo esencial ignorado”. Lo prueba en la tendencia de ver la formación de la nacionalidad desde lo político y lo económico, aunque ya ganan terreno lo sociológico y lo antropológico.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Brindo por ti


Todavía no lo creo. Ya se me ha ido un diez. Intenté celebrarlo en grupo, y a la hora de la verdad todo se hizo mentira. Cumplo una década de graduada y heme aquí, armando la fiesta a teclazo limpio. Tengo una razón poderosa: he logrado la coincidencia de lo que me gusta con lo que hago. Puedo tirar la casa por la cuartilla. Nada limita la cifra de mis afectos.
Cuando el lead me resultaba ancho y ajeno, yo era sustancia de una noticia. Con mi grupo se estrenó la carrera de Periodismo en la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas, en septiembre del 2002. Sin negar que la calle es aula para el oficio, agradezco mucho la forja de aquellas clases. Desde las prácticas notábamos que no íbamos igual que los de Oriente, al parecer poco daban; ni los de La Habana evidenciaban el rigor de nuestro claustro.
Para seguir por la cuerda de las distinciones, y por eso de “los primeros” y “los únicos de su tipo”, tan recurrente en las notas informativas, remarco mi condición de orgullo: ser La Camagüeyana entre avileños, espirituanos, villaclareños y cienfuegueros. Así quiso servirse gratis la soledad, fundamentalmente a la hora de viajar, pero fue catalizador para no encerrarme en piñas territoriales.
Hoy veo con mayor claridad el aula universitaria como laboratorio de incertidumbres que cuajan, de afirmaciones que se desdibujan. Fuera de los límites del idilio escolar, la realidad sigue trastocando los rumbos. Éramos casi 30 y en la actualidad poco más de 10 vivimos en Cuba (mal) ganándonos la vida de periodistas.

jueves, 17 de agosto de 2017

Yo no “sabo” eso


Le insisto que se dice “no sé”, y en seguida lo repite correcto, pero vive todavía en la etapa también del “me poní”; por eso ante situaciones similares, aunque sea muy certera con la acción, me sigue mal vistiendo el verbo.
Mi niña ya tiene tres años y medio, y la disfruto plena de ocurrencias, a pesar de la crisis de la edad; al parecer la crisis será permanente. Me han confirmado que da a los dos, a los tres, a los cuatro… y a la verdad, lo he “sufrido” en carne propia con mi sobrino Daniel, quien acaba de cumplir los cinco y es el otro niño de la casa. 

Realmente no me alarmo con su manera de nombrar las cosas, debido a los últimos truenos de la Real Academia Española. Entre los 20 vocablos admitidos este año figura “palabro”, para referirse a palabra rara o mal dicha; “toballa”, modismo de toalla o pieza de felpa; “otubre”, válido igual que octubre; y “ño”, diminutivo de señor. ¿Acaso no están como salidos de la boca de un niño?. 
La primera vez que Alma quiso decir zoológico, la lengua se le enredó y le salió “codócolo”. Por esa fecha su animado preferido era el largometraje Albert. Atribuyo dos razones a ese gusto: una, así llaman a su papá varios amigos y parientes; dos, el derrotero del protagonista, un niño que logra ser capitán de globo aerostático.
Ella hace “trampa” cuando quiere algo. Usualmente pasa a la hora del baño, para ganar minutos de chapuzón en la palangana. Entonces sugiere que yo vaya de paseo a la cocina. Cuando tenía a Albert en apogeo pidió se le buscara un “globo aerostático”, y esos términos los dijo clarito clarito.
Ahora le ha dado por hacer de bailarina, con su abuelo de pareja. Los “disfruto” con el estómago hecho escalofríos porque en algún momento caerán “reventaos” en el piso, pero no, no les ha pasado nada. Al final regala un simpático saludo a cambio de los aplausos. Cuando le pregunté dónde lo había aprendido, solícita respondió:
Me salió de la cáscara.
¿Y qué es eso?
La cáscara está en el corazón.
Lleva dos semanas en casa, y su pregunta de desayuno es si todavía está de vacaciones. Ya me ha amenazado con que llorará cuando la lleve para el círculo. Ese rechazo a la rutina preescolar se ha arreciado desde que el primo anda lejos con la madre. Recientemente, acabadita de tomar la leche, me dio tremendo susto:
Ay, tengo un mareo...
¿Te pasó aquí?, le interrogué con los dedos en su frente.
Es que extraño a Dani. Yo quiero ver a Dani todos los días.
Evidentemente hay cosas que no sabe y que tampoco puede entender, hay casos que hasta a los adultos nos cuesta digerir. Todo sería distinto si cuando entre grandes falla el sentido común nos ilumináramos con la sabiduría infantil. Aún sigo absorta con su propuesta del otro día: “Mamá, ¿quieres que te invite a salir de vacaciones?”.

jueves, 22 de junio de 2017

Osmani




A mí nadie me toca la cabeza que no sea él”, me dice la señora que acaba de pararse del sillón, y la muchacha que le sigue también da los argumentos de quien se ha vuelto el hombre ideal de muchas mujeres y hombres en la ciudad de Camagüey, porque sabe el corte exacto de la imagen bella.

Por su patente, Osmani Martín Vega es estilista, pero quienes frecuentamos su casa en la calle San José casi esquina a República, sabemos que también “ejerce” de terapeuta, confesor o psicólogo social, actualizador de la agenda popular y provocador del debate público, porque allí se habla de todo y sin pelos en la lengua.

Yo no empecé a pelar por amor ni porque de niño peinaba muñecas”, así, jacarandoso, prepara el terreno para escuchar lo inesperado: esa fue su salida ante el ultimátum del sector policial porque estaba desvinculado del trabajo.

jueves, 16 de febrero de 2017

Malditos Zikarios


Mi niña nació el 14 de febrero, por la “gracia” de un Aedes. Llegó a mis brazos amarillita y coronada, 30 horas después de rompérseme la fuente. Nada sospechábamos de mi fuerza en cero, del porqué quedaba rendida entre una contracción y otra. Recuerdo al doctor Del Toro con cara de ver en mí a alguien “demasiado” floja para aquella prueba de mujer... hasta que agarró el caso por los cuernos, y la trajo al mundo por parto natural.

Ya en la sala me dolía la espalda y en dos ocasiones sentí escalofríos, pero en la rigurosa toma de temperatura jamás el termómetro indicó alarma febril. Todo, absolutamente todo lo achacábamos a aquellas horas difíciles, con el consuelo de que pasaría. Aunque ambas lucíamos bien, el alta demoró un poquito debido al color en la piel de la pequeña.

La felicidad creció una vez en casa, pero duró poco, cuando se empezaron a notar puntos rojos en mi piel, que en pocas horas eran un rash soberano. Esa erupción suele aparecer en la última fase del dengue. La niña era inmune a la cepa, pero no podíamos estar bajo el mismo techo. Entonces sobrevinieron los peores cinco días de mi existencia.

viernes, 3 de febrero de 2017

Consejos por Semana

La Semana de la Cultura camagüeyana sigue en apogeo, con sus espacios habituales y sus novedades, con las ausencias de quienes ya no están en este mundo y hemos de devolver vivos al presente, con el empuje de una realidad que nos demanda buenas prácticas humanas.

Así se han movido las jornadas desde el primero de febrero, con expresiones de todo tipo,   del pensamiento a la ejecución artística, desde el ejercicio académico a la efervescencia de las tradiciones naturales, que solo es posible comprender y contener desde la lectura de lo simbólico. Apliquémoslo a un ejemplo.

El regalo de la canastilla al primer bebé nacido el dos de febrero, día del cumpleaños de la villa; es celebrar la ciudad –y más atrás, el asentamiento primigenio-- como la vida.

¿Cuál es la manera justa de corresponder a la cultura secular en una semana?, preguntamos cada año. Este, tomamos el consejo de Mildred de la Torre Molina, invitada al iluminador Encuentro de Escritores: “Sostenerlo en el recuerdo y reproducirlo en la creación”.

lunes, 30 de enero de 2017

Yiya Matraquilla

Casi nos dio un patatún. La operación debía durar prácticamente nada. Más nos demoraría el trayecto que, por cierto, de la casa hasta allí anduvimos menos de diez minutos, pero habíamos salido con el pie izquierdo porque aquella mañana nos tocó la mala.

Frescas como una lechuga llegamos a la ventanilla de información de la clínica estomatológica Centro, por el papelito para urgencias, como el doctor indicó la semana anterior.

--No hay agua. No estamos prestando servicios. Vaya a Pino Tres a ver…
Aquello nos cayó como una bala. Figúrese, no estábamos por un antojo. Mami tenía dos puntos por retirar de la encía.

Para la “sequía” afirmada, el salón de espera no lucía desierto, y personal de la clínica andaba casi como un día normal. Sin embargo, las dos mujeres siguieron rotundas, con cara de que lo nuestro no era su maletín.