jueves, 16 de febrero de 2017

Malditos Zikarios


Mi niña nació el 14 de febrero, por la “gracia” de un Aedes. Llegó a mis brazos amarillita y coronada, 30 horas después de rompérseme la fuente. Nada sospechábamos de mi fuerza en cero, del porqué quedaba rendida entre una contracción y otra. Recuerdo al doctor Del Toro con cara de ver en mí a alguien “demasiado” floja para aquella prueba de mujer... hasta que agarró el caso por los cuernos, y la trajo al mundo por parto natural.

Ya en la sala me dolía la espalda y en dos ocasiones sentí escalofríos, pero en la rigurosa toma de temperatura jamás el termómetro indicó alarma febril. Todo, absolutamente todo lo achacábamos a aquellas horas difíciles, con el consuelo de que pasaría. Aunque ambas lucíamos bien, el alta demoró un poquito debido al color en la piel de la pequeña.

La felicidad creció una vez en casa, pero duró poco, cuando se empezaron a notar puntos rojos en mi piel, que en pocas horas eran un rash soberano. Esa erupción suele aparecer en la última fase del dengue. La niña era inmune a la cepa, pero no podíamos estar bajo el mismo techo. Entonces sobrevinieron los peores cinco días de mi existencia.

viernes, 3 de febrero de 2017

Consejos por Semana

La Semana de la Cultura camagüeyana sigue en apogeo, con sus espacios habituales y sus novedades, con las ausencias de quienes ya no están en este mundo y hemos de devolver vivos al presente, con el empuje de una realidad que nos demanda buenas prácticas humanas.

Así se han movido las jornadas desde el primero de febrero, con expresiones de todo tipo,   del pensamiento a la ejecución artística, desde el ejercicio académico a la efervescencia de las tradiciones naturales, que solo es posible comprender y contener desde la lectura de lo simbólico. Apliquémoslo a un ejemplo.

El regalo de la canastilla al primer bebé nacido el dos de febrero, día del cumpleaños de la villa; es celebrar la ciudad –y más atrás, el asentamiento primigenio-- como la vida.

¿Cuál es la manera justa de corresponder a la cultura secular en una semana?, preguntamos cada año. Este, tomamos el consejo de Mildred de la Torre Molina, invitada al iluminador Encuentro de Escritores: “Sostenerlo en el recuerdo y reproducirlo en la creación”.

lunes, 30 de enero de 2017

Yiya Matraquilla

Casi nos dio un patatún. La operación debía durar prácticamente nada. Más nos demoraría el trayecto que, por cierto, de la casa hasta allí anduvimos menos de diez minutos, pero habíamos salido con el pie izquierdo porque aquella mañana nos tocó la mala.

Frescas como una lechuga llegamos a la ventanilla de información de la clínica estomatológica Centro, por el papelito para urgencias, como el doctor indicó la semana anterior.

--No hay agua. No estamos prestando servicios. Vaya a Pino Tres a ver…
Aquello nos cayó como una bala. Figúrese, no estábamos por un antojo. Mami tenía dos puntos por retirar de la encía.

Para la “sequía” afirmada, el salón de espera no lucía desierto, y personal de la clínica andaba casi como un día normal. Sin embargo, las dos mujeres siguieron rotundas, con cara de que lo nuestro no era su maletín.

martes, 20 de diciembre de 2016

Gracias a la rumba


Si lo dice Rumbatá, lo creo, porque expone lo que siente, y canta lo que piensa: “Gracias a la rumba”. Así de sencillo ha titulado el tercer disco, así de profundo ha de estar con los escarmientos de veinte años.

Musicólogos y cubanos universales han elogiado la resonancia del grupo de Wilmer Ferrán Jiménez, al punto de situarlo entre los cuatro grandes de la rumba cubana junto a Los Muñequitos de Matanzas, Clave y guaguancó y Yoruba andabo.

Esta agrupación le debe todo a ese complejo genérico al cual la UNESCO acaba de declarar Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, piropo generador de una ola súbita de “fans”, que por adeptos de ocasión se desmenuzan en la orilla. «Es triste que en Camagüey no hayan pensado en ir, no a Rumbatá, sino a los cultivadores, a la gente que lleva tiempo defendiéndola», lamenta Wilmer Ferrán.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Magnetismo


Entramos a Santiago de Cuba poco después de Fidel. Las guaguas solo podían llegar hasta el parqueo de Tropicana. A una hora de haber pasado el cortejo fúnebre por ahí, las ondas del lugar conservaban tal magnetismo que era como tocar al Comandante en Jefe. Un creyente en los espíritus tenía erizada la piel. Éramos 102 con la provincia en peso, y en todos, le aseguro, estaba completo El Camagüey.
 
A las tres de la tarde iniciamos la caminata a la Plaza de la Revolución Antonio Maceo. Dijeron que andaríamos más de un kilómetro a pie. No impactaba un sol ardiente, pero el calor entre ascensos y descensos nos hacía extrañar mucho las llanuras. Cuando parecía terminar la ruta, debimos seguir de largo por un borde, rumbo a la entrada del estadio Guillermón, entonces alguien en broma sugiere que para completar la hazaña estábamos a un paso de “asaltar el Moncada”.

miércoles, 26 de octubre de 2016

La luz tropical del Sí

En la arena de la diplomacia, la vida parece resumirse a blanco, negro y gris. Por eso cada votación en la Organización de Naciones Unidas (ONU) resulta un cuadro de tres tonos, para aquel que mire con frialdad los monosílabos y descarte el alma de las cifras, que es descartar los colores de un mundo diverso.

El año pasado, un representante de Estados Unidos se quejaba de que Cuba presentara en la Asamblea General del mayor espacio aglutinante de países, el “mismo informe” titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” , con el que se insiste desde 1992.

Aquella observación intentaba ridiculizar el texto vivo de la mayor de las Antillas, por las necedades del imperio anglosajón ofuscado en ver nada más el papel y nunca la carne y la piel de los ciudadanos a los que limita por prepotencia.

Hubo distracción mediática, en los intentos de hacer prevalecer el NO de dos, los únicos inflexibles que hace 25 años persisten en cerrar puertas, por encima del de 191 que apoyan porque saben la validez de tender puentes.

A la altura del 2016, el perjuicio a la nación caribeña de las rebeldías sobrepasa los 125 mil 873 millones de dólares, debido a un daño económico al pueblo cubano que asciende a 753 mil 688 millones de dólares.

Caer en las trampas del monosílabo es fácil, y eso entraña el desafío de desentrañar el significado de la cifras. Dentro de unas horas Cuba presentará eso “mismo” que cada año resulta diferente, porque cada año aumentan las dificultades, los sueños truncados a medio camino aunque las malas energías, a pesar de todo, no han confiscado nuestras utopías ni han desinflado nuestras esperanzas.

Al principio de las votaciones, eran numerosas las abstenciones y las ausencias, y poco más de la tercera parte estaba de acuerdo con nosotros, aunque los en contra nunca pasaron de cuatro. Del 2006 en lo adelante, nadie falta, y eso nos dice de la voluntad de tomar parte en un ejercicio de reconocimiento internacional.

Cuba tiene la vocación de la resistencia, una cualidad admirada por casi todo el mundo. ¿Cuánto vale y cuánto cuesta ser paradigma en el mundo actual? Conlleva la práctica cotidiana de no claudicar, de la preservación de los principios innegociables, el tomar aliento de esa energía renovable de la revolución de la constancia.

En la arena de la diplomacia, Cuba anda con el traje natural de la inteligencia, e inteligencia no es otra cosa que la capacidad de elegir, y en la ONU hemos elegido estar para compartir, para convencer, para sumar a pintar con todos los colores las opacidades y los sinsentidos que no tienen el beneficio de la luz del trópico.

lunes, 8 de agosto de 2016

Mipa


Cuando tuve conciencia de mi abuelo Mipa, ya pasaba el día en la casa de tablas y pencas de palma, en un pueblito en las afueras de la ciudad de Camagüey. La caminata de la parada del hospital psiquiátrico al confín de Las Cruces nos parecía interminable a mi hermano y a mí, hasta que nos volvía la curiosidad con el asomo de las primeras casitas, después de un kilómetro yermo a ambos lados del terraplén.

La mayoría de las veces estaba como esperándonos, sentado en el taburete que recostaba en el portal. De mañana podíamos encontrarlo buscando la leche o desyerbando el platanal de machos, a un costado de la entrada. Por economía del espacio enredaba las matas de frijol en la cerca divisoria con la propiedad de los Ochoa, y había fiesta si descubría un ñame, su cosecha de la paciencia.

Mi abuelo Mipa era un hombre de silencio, el complemento perfecto para mi abuela Mima, la mujer más habladora que he conocido. Él reía o callaba mientras ella recordaba las peripecias de su vida, desde jovencita como empleada de servicio en haciendas de ricachones, hasta las casi interminables mudanzas en el reacomodo del hogar cuando ya sumaban once hijos.

De Mipa sé muy poco. Fue camionero en un contingente de la construcción y no estoy segura si ejerció de carpintero, aunque conocía los secretos del oficio, porque todos los muebles de entonces salieron de sus manos. Por exceso de modestia, tal vez pensó que no tenía nada interesante que contar, o prefirió enmudecer los desgarramientos de la existencia.

Su silencio escandaloso le llevó a ocultar tantos dolores del cuerpo, que cuando habló ya era demasiado tarde. Hoy hace diez años que Mipa se nos murió, ya en otra casa, sin matas de plátanos, sin ñame, y donde la sombra nacía de una salvadera. Seguía con el azadón, pero desyerbando el jardincito.

Mima hace el mayor de los esfuerzos, contra lo humano posible, para que no se note su ausencia. Sigue contando historias por los dos, igual que por los dos me ha leído en el periódico y me ha visto por la televisión, lo que tanto anhelaba Mipa para cuando me hiciera periodista. Por las vueltas de la vida, soy yo quien lo mira y lo encuentra cada día en los ojos de mi hija.